Hay monumentos que impresionan por su tamaño. Otros, por su belleza. Y algunos, muy pocos, tienen la extraña capacidad de hacer que, cuanto más sabemos sobre ellos, más preguntas aparecen. La Esfinge de Guiza pertenece a estos últimos.

La hemos visto cientos de veces. En fotografías, documentales, libros de historia. Un cuerpo de león tendido sobre la meseta de Guiza y un rostro humano que contempla desde hace milenios el lugar por donde nace el sol.

La Gran Esfinge de Guiza se atribuye tradicionalmente al faraón Kefrén y suele fecharse hacia el 2500 a. C., aunque no existe una inscripción contemporánea sobre el monumento que identifique directamente a su constructor. Su erosión, las proporciones de su cabeza, algunas cavidades y las anomalías detectadas bajo el terreno han dado lugar a investigaciones y teorías que mantienen abiertas varias preguntas sobre su origen y su historia.

En Viajes Kemet hemos pasado muchas veces frente a la Esfinge de Guiza, y sigue ocurriendo algo curioso: conocer más datos sobre ella no reduce el misterio. Lo aumenta.

Pero hay un pequeño problema: la historia de la Gran Esfinge no es tan sencilla.

Y quizá una de las cosas más interesantes que podemos hacer cuando viajamos a Egipto sea precisamente esa: acercarnos a sus monumentos sabiendo distinguir entre lo que sabemos, lo que creemos saber y lo que todavía estamos intentando comprender.

¿Quién construyó realmente la Gran Esfinge?

La explicación más aceptada por la egiptología sitúa la construcción de la Gran Esfinge durante la IV dinastía, probablemente bajo el reinado de Kefrén —Khafre—,  a quien se le presupone constructor de la segunda gran pirámide de Guiza. Existen razones arqueológicas importantes para pensarlo.

La Esfinge está integrada espacialmente en el complejo monumental asociado a Kefrén. Además, los estudios realizados sobre la piedra han permitido relacionar bloques empleados en el llamado Templo de la Esfinge con la roca extraída del propio recinto cuando fue excavado el cuerpo del monumento. Todo ello ha llevado a muchos investigadores a considerar que la Esfinge forma parte del gran proyecto arquitectónico desarrollado durante el reinado de Kefrén.

Pero conviene introducir un matiz que raramente aparece cuando la historia se cuenta en pocas líneas: no existe una inscripción contemporánea sobre la propia Esfinge que diga que Kefrén ordenó construirla. La atribución se obtiene fundamentalmente a través de la arqueología, la arquitectura, la relación entre los distintos monumentos de la meseta y la interpretación de las evidencias disponibles.

Eso no significa que la atribución a Kefrén carezca de fundamento. Al contrario: actualmente continúa siendo la explicación con mayor aceptación académica. Pero sí significa que estamos ante una interpretación construida a partir de evidencias. Y ahí comienza el misterio.

La piedra de la Esfinge también cuenta una historia

La Esfinge de Guiza tiene una peculiaridad fundamental, no fue construida colocando enormes bloques unos encima de otros, sino que fue excavada directamente en la roca caliza de la meseta de Guiza. Los antiguos trabajadores retiraron la piedra que la rodeaba hasta dejar emergiendo del propio terreno el gigantesco cuerpo del león, por eso, alrededor del monumento quedó una especie de recinto excavado en la roca. Y precisamente en las paredes de ese recinto comenzó una de las controversias más fascinantes sobre la verdadera edad de la Esfinge.

Porque algunos investigadores observaron algo inesperado: determinadas formas de erosión parecían estar relacionadas con la acción del agua.

¿Pudo la lluvia erosionar la Gran Esfinge?

A comienzos de la década de 1990, el geólogo estadounidense Robert Schoch estudió las paredes del recinto de la Esfinge junto al investigador John Anthony West, y su conclusión fue extraordinariamente polémica. Según Schoch, determinadas formas de erosión presentes en el recinto encajaban mejor con procesos provocados por lluvias importantes y escorrentías que únicamente con miles de años de viento y arena. El problema resultaba evidente.

Hoy Guiza se encuentra junto a uno de los desiertos más extensos del planeta. Si aquellas marcas hubieran necesitado un clima considerablemente más húmedo para formarse, habría que preguntarse cuándo se produjeron. Y esa pregunta podría cambiar la cronología.

Schoch propuso que el núcleo original de la Esfinge de Guiza podría remontarse a una época mucho anterior a la IV dinastía. La consecuencia de semejante hipótesis sería enorme. No estaríamos hablando simplemente de adelantar unos cientos de años la construcción de un monumento, sino de milenios.

Pero la hipótesis de una Esfinge mucho más antigua no está aceptada

Aquí es donde el asunto se vuelve todavía más interesante, porque existe el debate.

Otros investigadores han estudiado las características de la roca y han llegado a conclusiones diferentes. Los distintos estratos de caliza que forman el recinto de la Esfinge no se erosionan todos de la misma manera. Algunos son más duros y resistentes, mientras que otros se degradan con mayor facilidad. Además, existen procesos naturales, cambios de temperatura, humedad, sales y otros factores capaces de producir formas de erosión complejas durante periodos muy largos.

Por eso, afirmar que la erosión demuestra que la Esfinge tiene diez mil años sería ir mucho más allá de lo que actualmente permite asegurar la evidencia, pero tampoco descartarla.

Además existen investigadores que han propuesto interpretaciones intermedias.

¿Y si fuera anterior a Kefrén, pero no miles de años anterior?

Entre las investigaciones más interesantes se encuentran las del geólogo británico Colin Reader, quien estudió la geomorfología de Guiza y consideró que determinadas características del recinto podían ser compatibles con la acción de agua y escorrentías. Sin embargo, no necesitó llevar necesariamente la construcción de la Esfinge hasta una civilización remota situada miles de años antes de los faraones.

Su propuesta fue más moderada, la Esfinge podría ser anterior al reinado de Kefrén; incluso podría pertenecer a una fase anterior al gran desarrollo monumental de la IV dinastía. Y esto cambia bastante la manera de plantear la pregunta.

Quizá no tengamos que elegir únicamente entre dos posibilidades extremas: Kefrén, hacia el 2500 a. C. o una civilización anterior.

La historia puede contener muchos más matices.

Entonces, ¿qué sabemos realmente de la edad de la Esfinge?

Actualmente, la arqueología determina su datación en la IV dinastía, probablemente durante el reinado de Kefrén. La relación entre la cantera de la Esfinge, el Templo de la Esfinge y el complejo funerario de Kefrén constituye uno de los argumentos más importantes para esa interpretación.

Pero también sabemos que la historia del monumento es extraordinariamente compleja, ya que la Esfinge ha sufrido innumerables restauraciones. Su cuerpo está formado por diferentes estratos de piedra que reaccionan de manera distinta frente a la erosión.

El clima del norte de África ha cambiado profundamente a lo largo de los milenios. Y algunos investigadores continúan preguntándose si determinadas características geológicas podrían indicar una historia más antigua o más compleja de la que tradicionalmente hemos supuesto.

Eso nos recuerda algo importante: en arqueología, una teoría ampliamente aceptada no es exactamente lo mismo que una inscripción firmada por su constructor.

Las preguntas más extrañas que todavía rodean a la Esfinge

Cuando estamos frente a la Esfinge de Guiza con nuestros viajeros, hay una pregunta que solemos hacer antes de explicar nada: “¿Hay algo en sus proporciones que os llame la atención?”. Casi siempre alguien termina mirando la cabeza.

El cuerpo de la Esfinge es gigantesco, pero su cabeza, en cambio, parece sorprendentemente pequeña. Y esa desproporción ha alimentado una de las preguntas más persistentes sobre el monumento.

¿Por qué la cabeza de la Esfinge parece demasiado pequeña?

La Gran Esfinge mide aproximadamente 73 metros de longitud, pero su cabeza parece pequeña en relación con el enorme cuerpo de león. La desproporción existe, aunque su interpretación es bastante más complicada.

Se han propuesto varias explicaciones:

La primera posibilidad es puramente técnica: los escultores trabajaban con una formación natural de roca y tuvieron que adaptar la figura a las dimensiones y características de la piedra disponible. Otra posibilidad es que las proporciones de una de las primeras grandes esfinges monumentales de Egipto no siguieran todavía los cánones que vemos en esculturas posteriores. Pero existe una tercera hipótesis mucho más provocadora.

¿Y si la cabeza que vemos actualmente no fuera la cabeza original?

Algunos investigadores han planteado que la Esfinge pudo tener originalmente una cabeza de león o de otro animal de mayor tamaño y que, mucho tiempo después, esa cabeza habría sido tallada de nuevo para convertirla en una cabeza humana. La idea resulta tentadora porque explicaría la diferencia de tamaño entre cabeza y cuerpo.

Y quizá precisamente por eso resulte tan fascinante observarla cuando estamos allí. Porque una vez que alguien nos señala la proporción de la cabeza, resulta difícil dejar de verla.

¿Representa realmente el rostro de Kefrén?

También solemos escuchar que el rostro de la Esfinge representa al faraón Kefrén. Pero tampoco nadie ha podido asegurarlo con absoluta certeza. La identificación se ha establecido principalmente por la relación del monumento con el complejo funerario de Kefrén y por comparaciones estilísticas con representaciones del faraón. Pero también hay quien ha dicho que el parecido es mayor al de su padre Keops, al compararlo con la única estatuilla encontrada de este famoso faraón.

El problema es que el rostro de la Esfinge ha sufrido una erosión extraordinaria. Su nariz desapareció hace siglos. La barba ceremonial que tuvo en algún momento se desprendió. Y muchos de sus rasgos originales han quedado alterados.

Una vez más, nos encontramos ante un monumento que parece resistirse a las respuestas demasiado sencillas.

¿Existe realmente un agujero en la cabeza de la Esfinge de Guiza?

Sí. Y esta es una de esas curiosidades que sorprenden porque rara vez aparece en las fotografías habituales del monumento. En la parte superior de la cabeza de la Esfinge existe una cavidad artificial. Fotografías antiguas tomadas durante trabajos arqueológicos y de restauración muestran claramente esta abertura.

Y la pregunta inevitable es: ¿para qué servía?

No existe una respuesta definitiva. Se ha sugerido que pudo utilizarse en algún momento para sujetar algún elemento decorativo, ceremonial o arquitectónico. También se ha especulado con la posibilidad de que hubiera contenido algún tipo de pieza añadida sobre la cabeza. Y, naturalmente, la existencia de una abertura en la parte superior del monumento ha alimentado innumerables sospechas sobre cámaras interiores.

Hasta ahora, no existe evidencia de que ese agujero conduzca a una gran cámara oculta dentro de la cabeza. Y como ocurre en Egipto, tampoco existe evidencia de lo contrario. Pero el agujero existe. Y que las autoridades científicas no confirmen ni desmientan, ya lo convierten en suficientemente misterioso.

¿Hay otro agujero en la parte posterior de la Esfinge?

También existen aberturas, fisuras y cavidades en la zona posterior del monumento. Aquí es importante distinguir entre varias cosas diferentes.

Una de ellas es una importante fractura natural que atraviesa la roca cerca de la parte trasera del cuerpo. Los científicos nos dicen que es una característica geológica de la propia formación caliza sobre la que fue tallada la Esfinge de Guiza. Pero en algunos puntos parece haber sido trabajada o modificada, lo que ha hecho que durante mucho tiempo se sospechara que había un posible pasadizo.

Además existe un conducto en la zona posterior. Este túnel penetra en la roca durante varios metros antes de terminar sin conducir, según lo publicado hasta ahora, a ninguna gran cámara.

Por tanto, cuando nos preguntamos: ¿hay túneles dentro de la Esfinge?

La respuesta más exacta sería: sí existen cavidades, fisuras y algunos conductos.

¿Hay cámaras debajo de la Esfinge?

Aquí entramos en uno de los capítulos más fascinantes de toda su historia. Durante el siglo XX se realizaron diferentes investigaciones geofísicas alrededor del monumento. Algunas utilizaron técnicas sísmicas. Otras emplearon radar de penetración terrestre. Y varios de esos estudios detectaron anomalías bajo el terreno. En determinados casos aparecieron formas que podían interpretarse como fracturas naturales de la roca. Pero otras resultaron suficientemente interesantes como para despertar preguntas.

Determinados estudios detectaron irregularidades cerca de las patas delanteras y en otras zonas del recinto. En algunos casos, los investigadores señalaron que ciertas formas podrían ser compatibles con una cavidad, un conducto o una estructura diferente a la roca circundante.

Pero detectar una anomalía no significa saber qué es. Puede ser una cavidad artificial, una grieta, una variación geológica, o incluso podría ser el resultado de trabajos antiguos.

En la explanada de Guiza existen numerosos “pozos” verticales que descienden varios metros, como el enigmático Pozo de Osiris. Así que ¿es descabellado que existan cámaras o pozos debajo de la esfinge?

No existe confirmación arqueológica de la existencia de una cámara bajo las patas delanteras que pueda identificarse como un templo secreto. Pero la posibilidad de espacios todavía no completamente comprendidos debajo del monumento sigue siendo uno de los elementos que alimentan su misterio.

¿Existe realmente un templo debajo de la Esfinge?

Delante de la Esfinge existe un templo. Es el llamado Templo de la Esfinge, construido con enormes bloques de piedra y situado inmediatamente frente al monumento. Pero lo curioso es que está a un nivel más bajo que las patas de la esfinge. Junto a este templo se encuentra también el Templo del Valle asociado tradicionalmente al complejo de Kefrén.

Pero hasta el momento no se ha anunciado por los arqueólogos ningún hallazgo de ese templo subterráneo.

La misteriosa Cámara de los Registros

Existe además una leyenda particularmente famosa relacionada con la Esfinge. La llamada Hall of Records, o Cámara de los Registros. Según esta leyenda, bajo la Esfinge existiría una cámara en la que se conservarían conocimientos de una civilización desaparecida. La idea se popularizó especialmente durante el siglo XX y quedó vinculada a la Atlántida y un conocimiento anterior a la civilización egipcia. Una vez más, la arqueología no ha publicado evidencia alguna que confirme la existencia de esa cámara.

Pero la historia tuvo una consecuencia curiosa. Cuando determinados estudios geofísicos detectaron anomalías en el subsuelo alrededor de la Esfinge, quienes creían en la Cámara de los Registros vieron en ellas una posible confirmación.

Para la arqueología, sin embargo, una anomalía bajo tierra no equivale a una cámara. Aunque a día de hoy tampoco se ha autorizado ningún estudio en campo a este respecto.

¿Por qué el cuerpo de la Esfinge es tan largo?

Hay otra peculiaridad menos conocida: el cuerpo de la Esfinge de Guiza no solamente parece enorme respecto a su cabeza, también es extraordinariamente alargado. Una de las posibles explicaciones podría encontrarse precisamente en la propia geología, ya que una importante fractura atraviesa la zona posterior del monumento. Algunos estudios han sugerido que los escultores pudieron adaptar la longitud del cuerpo a las condiciones naturales de la roca.

Es un detalle especialmente interesante porque nos recuerda algo que solemos olvidar cuando contemplamos la Esfinge: los escultores probablemente no comenzaron con un bloque perfecto, trabajaban directamente sobre una formación natural y tenían que negociar constantemente con la piedra, con sus estratos, sus grietas, sus zonas blandas y sus zonas duras.

Y quizá algunas de las características que hoy interpretamos como decisiones artísticas podrían haber sido soluciones ante problemas geológicos. Aunque una vez más nos adentramos en el campo de las hipótesis.

¿La Esfinge tuvo barba?

Sí, la Gran Esfinge tuvo una barba ceremonial añadida. Fragmentos de esta barba fueron encontrados y algunos se conservan actualmente en museos. Se supone que la barba no formaba originalmente parte del bloque principal de la cabeza, sino que fue una pieza añadida. Lo que da más fuerza a la hipótesis de que la cabeza original no fuera humana.

Existe debate, sin embargo, sobre cuándo fue colocada esta añadidura. Algunos investigadores consideran que pudo incorporarse durante restauraciones posteriores, posiblemente durante el Reino Nuevo. Esto resulta especialmente curioso porque modifica por completo la imagen que tenemos hoy del monumento.

La Esfinge que vemos actualmente no es exactamente la Esfinge que contemplaron todos los antiguos egipcios.

¿Qué ocurrió con su nariz?

Probablemente esta sea la historia falsa más repetida sobre la Esfinge. Napoleón no destruyó su nariz. Cuando las tropas francesas llegaron a Egipto a finales del siglo XVIII, la nariz ya había desaparecido. Existen representaciones anteriores a la expedición napoleónica en las que la Esfinge aparece sin ella.

Una tradición histórica atribuye la mutilación a un hombre llamado Muhammad Sa’im al-Dahr en el siglo XIV, quien habría dañado el rostro al considerar que determinadas prácticas realizadas junto a la estatua eran idolátricas. Pero incluso esta explicación no ha quedado confirmada.

Lo único que podemos afirmar con seguridad es que Napoleón no fue el responsable.

¿Estuvo completamente enterrada bajo la arena?

Durante largos periodos de su historia, sí, la arena llegó a cubrir gran parte del cuerpo de la Esfinge y dejó visible fundamentalmente la cabeza. Eso ocurrió repetidamente durante miles de años.

De hecho, la famosa Estela del Sueño de Tutmosis IV relata precisamente que el monumento estaba parcialmente cubierto por la arena cuando el futuro faraón descansó junto a él. La imagen resulta extraordinaria.

Durante siglos, viajeros que atravesaban Guiza podían encontrarse únicamente con una gigantesca cabeza emergiendo del desierto: Un rostro humano sin cuerpo visible mirando hacia Oriente. Hacia el nacimiento del día.

El rostro que mira hacia Oriente

La Gran Esfinge está orientada al este. Cada mañana, desde hace miles de años, contempla aparecer el sol sobre el horizonte. Durante el Reino Nuevo, los egipcios la relacionaron con Hor-em-Ajet, “Horus en el Horizonte”, una poderosa manifestación solar.

Entre sus patas delanteras todavía se encuentra la conocida Estela del Sueño, colocada por Tutmosis IV. Esta estela narra una historia fascinante:

Cuando todavía era príncipe, Tutmosis quedó dormido junto a la Esfinge de Guiza, en una época en la que buena parte del monumento permanecía enterrada bajo la arena. Durante el sueño, la diosa Esfinge se dirigió a él y le prometió el trono si liberaba su cuerpo de la arena que lo cubría.

Y quizá haya algo especialmente hermoso en esta historia, porque para los propios egipcios del Reino Nuevo, la Esfinge ya pertenecía a un pasado remoto. Ellos también se encontraban ante un monumento heredado de otros tiempos. También ellos miraban hacia atrás, también ellos intentaban comprenderlo.

También existe otra misteriosa hipótesis con referencia a esta estela. En ella aparecen dos esfinges mirando cada una en direcciones opuestas. Quizás existió otra esfinge que miraba hacia el Occidente.

Una Esfinge anterior a las pirámides: ¿es posible?

Es una de las preguntas que más curiosidad despiertan cuando se habla de Guiza. Por el momento no se han mostrado ninguna evidencia aceptada por la arqueología para afirmar que la Gran Esfinge sea miles de años anterior a las pirámides. La mayoría de los egiptólogos continúa situándola en la IV dinastía.

Sin embargo, la ausencia de una inscripción fundacional directa y la existencia de determinados debates geológicos han permitido que la cuestión de su cronología continúe generando investigaciones y discusión.

Y quizá ahí reside buena parte de su fascinación: no necesitamos convertir una hipótesis en certeza para disfrutar del misterio, a veces basta con reconocer que todavía existen preguntas abiertas.

¿Qué puede haber todavía bajo la arena y la roca?

Probablemente esta sea una de las preguntas más interesantes de todas. A día de hoy se sabe muchísimo más sobre la meseta de Guiza de lo que se sabía hace cien años. Pero eso no significa que conozcamos cada centímetro de su subsuelo.

Los métodos geofísicos modernos permiten detectar diferencias de densidad, cavidades y estructuras sin excavar, pero el problema llega después: cómo se interpreta una anomalía detectada. Por eso las investigaciones deben avanzar con extrema prudencia y claridad.

La Gran Esfinge no es solamente una escultura. También es uno de los monumentos arqueológicos más delicados del planeta, y perforar simplemente para comprobar qué hay detrás de cada anomalía podría causar un daño irreversible. O quizás sea muy incómodo descubrir según que cosas…

Lo que es indudable es que la Gran Esfinge mantiene una de sus características más extraordinarias después de tantos siglos: Todavía conserva secretos; o al menos, conserva lugares en los que todavía no sabemos con seguridad si existe un secreto.

Ver la Esfinge de Guiza después de conocer estas preguntas

Hay lugares de Egipto que cambian cuando conocemos su historia, y la Esfinge cambia cuando conocemos sus preguntas. Cuando estamos delante de ella podemos verla simplemente como una de las imágenes más famosas del planeta, o podemos mirar un poco más allá:

Observar el recinto excavado alrededor del cuerpo, las capas de piedra y pensar en antiguas lluvias; imaginar cómo era con barba ceremonial, cuestionar lo que hay bajo sus patas y la abertura en su cabeza; visualizar a los trabajadores retirando caliza para revelar un león gigante y preguntarse por qué se decidió hacerlo allí, su significado original, cómo ha cambiado su rostro y cuánto tiempo contempló el horizonte cuando Tutmosis IV se durmió a sus pies, reflexionando sobre el mensaje que transmite.

En Viajes Kemet nos gusta Egipto precisamente por eso porque viajar hasta allí no consiste únicamente en contemplar monumentos, sino que consiste también en aprender a mirarlos, en acercarnos a ellos con respeto, con conocimiento y con la suficiente curiosidad como para recordar con humildad que algunas preguntas todavía no tienen una respuesta definitiva.

Y algunas veces, delante de una piedra de cuatro mil quinientos años —o quizá ante una historia todavía más compleja—, la mejor respuesta que podemos encontrar es una nueva pregunta.

Preguntas frecuentes sobre la Esfinge de Guiza

¿Quién construyó la Gran Esfinge?

La explicación actualmente más aceptada atribuye la Gran Esfinge al faraón Kefrén, de la IV dinastía, alrededor del 2500 a. C. Esta atribución se basa principalmente en la relación arqueológica y arquitectónica entre la Esfinge, sus templos y el complejo monumental asociado a Kefrén.

¿Existe una inscripción que diga que Kefrén construyó la Esfinge?

No existe una inscripción contemporánea sobre la propia Esfinge que declare directamente que Kefrén ordenó construirla. La atribución procede de la interpretación conjunta de las evidencias arqueológicas disponibles.

¿Hay investigadores que creen que la Esfinge de Guiza es más antigua?

Sí. Algunos investigadores han defendido que determinadas formas de erosión podrían indicar una antigüedad mayor. Otros han planteado cronologías anteriores a Kefrén pero más cercanas en el tiempo.

¿La erosión demuestra que la Esfinge tiene 10.000 años?

No totalmente. Existen diferentes interpretaciones sobre el origen de las formas de erosión presentes en el recinto. Por tanto, actualmente el ámbito científico no puede afirmar que esas erosiones demuestren que la Esfinge tenga diez mil años.

¿La Esfinge es anterior a las pirámides?

No está demostrado. La interpretación arqueológica mayoritaria sitúa la Esfinge en la misma época general que las grandes pirámides de Guiza. Sin embargo, algunos investigadores han propuesto que podría existir una fase anterior.

¿Representa la Esfinge al faraón Kefrén?

Es la interpretación tradicional egiptológica, pero no existe una certeza absoluta. La fuerte erosión del rostro y la ausencia de una inscripción identificativa hacen que la atribución se apoye principalmente en el contexto arqueológico.

¿Por qué la cabeza de la Esfinge de Guiza parece tan pequeña?

Puede deberse a las limitaciones de la roca original, a decisiones escultóricas, a las proporciones propias del monumento o a que la cabeza pudiera haber sido retallada.

¿Existe un agujero en la cabeza de la Esfinge?

Sí. Existe una cavidad artificial en la parte superior de la cabeza. Su función exacta no se conoce con certeza.

¿Hay túneles dentro de la Esfinge?

Existen cavidades, fisuras y algunos conductos conocidos, especialmente en la parte posterior, pero no se ha publicado la existencia de túneles internos.

¿Hay cámaras bajo la Esfinge de Guiza?

Algunos estudios geofísicos han detectado anomalías bajo y alrededor del monumento, pero nadie afirma ni desmiente que sean cámaras o cavidades naturales.

¿Existe un templo secreto bajo sus patas?

No se ha encontrado evidencias arqueológicas de ningún templo subterráneo bajo la Esfinge. Sí existen anomalías y cavidades en el subsuelo cuya naturaleza no está completamente determinada.

¿Qué es la Cámara de los Registros?

Es una leyenda según la cual existiría bajo la Esfinge de Guiza una cámara que conservaría conocimientos de una civilización perdida. No se conoce evidencia arqueológica que confirme su existencia.

¿La Esfinge tuvo barba?

Sí. Existen fragmentos de una barba ceremonial asociada al monumento. Probablemente fue añadida a posteriori en algún momento de su historia.

¿Napoleón destruyó la nariz de la Esfinge?

No. La nariz ya había desaparecido antes de la llegada de las tropas de Napoleón a Egipto.

¿La Esfinge estuvo enterrada bajo la arena?

Sí. Durante distintos periodos de su historia, gran parte del cuerpo permaneció cubierta por la arena.

¿Hacia dónde mira la Gran Esfinge?

La Esfinge de Guiza está orientada hacia el este, hacia el lugar por donde aparece el sol.

¿Qué es la Estela del Sueño?

Es una estela situada entre las patas delanteras de la Esfinge y asociada a Tutmosis IV. Narra cómo, cuando todavía era príncipe, se quedó dormido junto al monumento y recibió en sueños la promesa de convertirse en faraón si liberaba a la Esfinge de la arena que la cubría.