A orillas de la primera catarata del Nilo se encuentra Aswan, una ciudad tranquila y luminosa que nos sirve de base para descubrir algunos de los lugares más fascinantes del sur de Egipto. Nos encanta alojarnos en hoteles nubios junto al río, donde la hospitalidad, la tranquilidad y el contacto con la cultura local forman parte de la experiencia.

Philae, la isla de Bigeh y los tesoros del Nilo en Aswan

Destacamos la visita al complejo de templos de Philae, considerado por muchos la última gran joya del antiguo Egipto. En el templo de Isis se grabó el último jeroglífico conocido y se mantuvo el culto a la diosa hasta el siglo VI de nuestra era. 

Muy cerca se encuentra la isla de Bigeh, un lugar menos conocido donde se levantó un santuario dedicado a Osiris. Cuando el nivel del agua desciende, aún es posible contemplar parte de los restos arqueológicos que permanecen sumergidos durante gran parte del año.

También visitamos la isla Elefantina, antigua residencia de gobernadores y sacerdotes, donde se alzaron importantes templos dedicados al dios Jnum, considerado uno de los creadores de la humanidad. Y para quienes desean profundizar en la historia de la construcción del antiguo Egipto, nos acercamos a la isla de Sehel y a sus antiguas canteras de granito, de donde salieron algunos de los bloques utilizados en los monumentos más importantes del país. Allí descubrimos también la célebre Estela del Hambre, uno de los relatos históricos más interesantes conservados en la región.

Abu Simbel, las dunas del desierto y experiencias exclusivas en Aswan

Nos gusta disfrutar de un baño en las aguas del Nilo, en pequeñas playas naturales formadas por la arena del desierto cerca de la antigua presa construida por los británicos. Al atardecer cruzamos a la orilla occidental para ascender a las dunas de arena y contemplar cómo el sol desaparece sobre el desierto mientras la noche comienza a cubrir el horizonte.

Desde Aswan realizamos además una de las excursiones más espectaculares de todo Egipto: la visita a Abu Simbel. Madrugamos para llegar pronto y disfrutar con tranquilidad de los templos que Ramsés II mandó excavar en la roca hace más de tres mil años. Uno de ellos está dedicado al propio faraón y a varios dioses; el otro, a su gran esposa Nefertari. Admirarlos casi en silencio, antes de la llegada de las grandes multitudes, convierte la visita en una experiencia verdaderamente excepcional.